Típicas paranoias crouzonianas acompañadas da imbecilidade propia dun cerebro apodrecido.
viernes, 14 de diciembre de 2007
jueves, 13 de diciembre de 2007
Himno

Palurdos

martes, 4 de diciembre de 2007
Mal de Montano

Disculpen la tardanza. Siento llegar mucho más tarde de lo que habíamos acordado. Mas no creo que les haya producido mi retraso grande dolor en el alma, pues, como buen insociable paso las veladas callado y como buen idiota no son estas las líneas más interesantes para sus cultivados ojos. Mas, a pesar de ello, he decidido continuar vomitando mi ignorancia en tan fabuloso receptáculo electrónico.
Y disculpen si les ofendo, pues en modo alguno es esta mi intención, pero les aviso de antemano que dada la ingente cantidad de alcohol degustado y debido a los peligros circuncidanticoamputatorios que acechan a este putrefacto cadáver que sustenta mis neuronas, en los próximos días estaré de cuerpo presente, mas de alma dispersa.
lunes, 3 de diciembre de 2007
Chusma

- Oyes, oyes tú! Los baños están cerrados. Si están apagadas las luces es por algo, ¿no?.
Con el pecho henchido de cólera ante tamaño ejercicio de putinesca represión contra las más naturales necesidades humanas, contestole quien les escribe:
- Disculpe usted tamaño atrevimiento. Cuan incivilizado he llegado a ser, defecar en el excusado! Recuérdeme, pues, buen hombre, que la próxima vez utilice sus prominentes fauces para depositar mis excrementos.
martes, 20 de noviembre de 2007
Insomnio

Nunca en mi vida podré llegar a sentir más asco que cuando le vi agarrarse las vísceras con las manos, intentando que el hígado no se le escurriese por efecto de la sangre y la pasta resbaladiza que emanaba de su interior.
No era uno de esos gatos gilipollas que se lanzan a la carretera en el preciso instante en el que alguien decide que lo mejor para no llegar tarde es acelerar y no pisar el freno hasta que la vista alcance un sitio donde aparcar.
Era el típico joven despreocupado con ínfulas de inmortal que prefirió lanzarse a por la colilla que el viejo de las alfombras había arrojado al medio del asfalto antes que volver a pedir dinero a sus papás para echarse unas caladas en el instituto.
Fumar mata. Querer fumar a toda costa es lo que mata. Levantarse todas las mañanas pensando en los momentos en los que llenarás los pulmones de apestoso humo azulado. Entrar en el coche de camino al trabajo imaginando el momento en el que saldrás a la calle a media mañana para colgar de tus labios la muerte amortajada en un cilindro de papel blancuzco que poco a poco será convertido en ceniza por una pequeña línea marrón de un fuego a punto de extinguirse al que tú le das vida con cada sorbo de ansiedad y estrés aceptado en favor de una vida de burgués acomodado que paga las deudas de sus caprichos a golpe de felación al alquitrán eyaculador de muerte.
Si mataras el insomnio...