Típicas paranoias crouzonianas acompañadas da imbecilidade propia dun cerebro apodrecido.
domingo, 3 de agosto de 2008
GAUGUIN
domingo, 20 de julio de 2008
Las tribulaciones del veraneante Cröuzon
El verano es como un filme de Dreyer, pesado, irritante, monotemático y débil en lo que respecta a las vivencias esenciales humanas.
El cuerpo mantiene las constantes vitales, pero centra toda su atención en la expulsión del sudor por las porosidades del tejido que cubre nuestros órganos cual bolsa de plástico que los gordos acomplejados (entre los que no me incluyo, pues presumo de abundante barriga señorial) se enrollan a la cintura antes de salir a correr por los parques públicos, pensando ingenuamente que con ello reducirán las grasas que cubren su abultado paquete intestina.
[Pretendo, con esta lamentable comparación, presentar la piel como elemento que coarta la autonomía de los cuerpos internos, aprieta y encarcela la masa sanguinolienta de la que depende nuestra vida].
Así funciona nuestra piel, calienta los líquidos almacenados y cuando estos llegan al punto de ebullición, las microscópicas compuertas,
[Consejo que puede no tenerse en cuenta: ojo, microscópicas, que ningún adolescente desesperado en la búsqueda de un amor de verano intente introducir su pene por ellas para satisfacer sus más íntimas y apremiantes necesidades psicológicas, pues, si la suerte le acompaña en la vida, el volumen de su pene es mayor que el agujero de salida de los líquidos mencionados. En todo caso, si ello no es así y puede permitirse el lujo de masturbarse con sus porosidades corporales debido a la estrechez de su miembro, recomendamos que no realice tal ejercicio, pues la insatisfacción de eyacular en el interior de uno mismo es mayor que la de expulsar el sedimento amoroso que almacenan los testículos al aire, (perfumándolo de dicha manera), y no a la irregular bóveda femenina, infinito túnel anal o cascada buco-gastrica, allá cada cual con sus preferencias de exploración anatómicas ]
a través de las que nuestros órganos internos acechan al mundo exterior, se abren silenciosamente para dejar correr lagrimillas viscosas que se adhieren a los ropajes y nos señalan olfativamente en medio del gentío, humillándonos ante la mozuela de pechos abundantes a la que pretendíamos invitar a pasear por los festivos vericuetos que la turba de ancianos y adolescentes pijos confecciona en el atiborrado autobús. A ninguna dama le gusta el ácido sabor de la sudoración.

Y movemos pesadamente nuestro cuerpo de silla en silla y de rincón en rincón, como los protagonistas de las Dreyéridas,
[Con dicho término, pretendo señalar jocosamente la magnanimidad de los filmes de Dreyer, acercándolos a creaciones artísticas encumbradas por los amantes de lo monumental, como puedan ser las Geórgicas. Más, puede que con ello, sólo consiga hacer el ridículo o mostrar mi incultura, efecto no perseguido de forma voluntaria, pero que, desgraciadamente, todo escritor novel acaba sufriendo]
buscando el lugar adecuado para echar a pastar nuestras posaderas sin que el cañón que las divide en dos mitades semiesféricas se convierta en el amazonas de nuestra coraza, en el mayor río de sudoración jamás visto, que dirige su abundante caudal hacia el modesto perineo, amenazando con ahogar la zona escrotal y hacer hervir en sangre los cuerpos no-exactamente-esféricos que alberga la bolsa que en dicho lugar ha de encontrarse. Pero la naturaleza sigue siempre sus impulsos, y al final de la dura jornada de resistencia, hemos perdido la batalla.
Llegada la noche, nuestros ejércitos, enfundados en sus blanquecinos uniformes, se despliegan a ras de tierra: heridos unos, moribundos otros, muertos los muchos, intentando levantar sus grandes y pesadas cabezas aquellos que quieren encontrar con la mirada, antes de fenecer, al fiel amigo con el que anhelaban atacar al óvulo díscolo que, cual Quijotes al borde de la ensoñación, habían idealizado. Pero nunca encontrarán a su bella Dulcinea, nunca atravesarán su esponjoso cuerpo para crear en su interior a esos diminutos seres repugnantes (niños les llaman los adultos), pues el verano se ha interpuesto trágicamente en su camino.
He intentado cortarme las venas, pero es inútil. Sé que cuando lo haga, un ejército de sudorcitos acudirá raudo al lugar del crimen y taponará la fuga mortal. Y con ello conseguiré únicamente añadir otro extraño bulto a mi cuerpo, otro elemento bizarro más dispuesto a ser objeto de los múltiples chances humillantes de esa sociedad nauseabunda de la que tanto me acuerdo cuando visito el museo de Bombas Atómicas de Nagasaki. Una pena que en dicho organismo cultural no permitan el préstamo domiciliario de tan bellos ejemplares, como sí hacen en las bibliotecas públicas del país alargado. ¿Acaso temen una última y verdadera revolución cultural?
[Aclaración final: Dreyer era nórdico, por eso nunca supo que sus películas eran una representación de los sufrimientos corporales que provoca el calor en el resto del mundo. A través de sus creaciones fílmicas, los del Norte pueden vivir en el cine una especie de recreación de la tortura que supone para un sureño la llegada del periodo estival. Sin duda, una de las grandes aportaciones del director a la cultura sadomasoquista de los fríos países cuasi-polares]
Disculpen las molestias mis queridos compatriotas del país de los extraños.
miércoles, 25 de junio de 2008
Cómo sentir que el cerebro eyacula
Sublime.
miércoles, 18 de junio de 2008
El honor del peoncito/Por amor a Ferdydurke I

Y si al bajar las escaleras me quivoqué de mirada y reflejé la belleza del pederasta en la punta del zapato y no en el lóbulo izquierdo de la oreja ventricular?. El chal le cubría las alpargatas pero la vida le deparaba otro tipo de pisadas, las del hombre descalzo sobre las llamas que aúlla cuando mamá le quita la merienda y le azota la narizota con palmaditas fálicas.
Cruzar el río nunca es bueno, lleva consigo un cambio en las estructuras óseas del frontispicio frontofacial, y con ello, la muerte de la palabra.
Solamente espero el triunfo de las orejas peludas de los ancianos decrépitos que vuelven en busca de sus amores adolescentes a la playa donde el tío soltero les enseñó a pescar caracoles entre las escondidas rocas del Cañón de Colorado. Y las vida les regaló mordiscos en el cuello, manotazos en el pubis y melocotón con nata en las noches de tormenta.
Pero volví a equivocarme de mirada y reflejé la belleza del pederasta en el lacito azul de la niña que llevo de la mano camino del purgatorio de las adolescentes perdidas.
Conspiraré contra tu cuerpo para alcanzar tu llegada y despedirte al alba con tu cadáver entre mis piernas.
Fabel, mon amour. Elske me.
*Fabel: adiós
*Elske me: ámame/me amas.
miércoles, 28 de mayo de 2008
Memorias de Tains
Bombardeados pola basura tradicional da enxebre literatura galega (Rosalía, Curros, Pondal e moita merda máis: os somníferos Otero Pedrayo e compañía, a xurria verborreica protonazi do Risco etc) os estudantes deste paisucho saen do sistema educativo coa impresión de que na literatura galega non hai máis que mulleres cantando as súas despedidas ás berzas ( "figueiriñas que eu prantei") ou bardos machotes que desvirgan a doncelas entradiñas en carnes baixo os "rumores dos pinos" ( E..., ¿non serán eses supostos rumores dos pinos os xadeos, ou peor, os sons producidos polo escroto do Bardo ao chocar coa zona protopélvica da desvirgada?, ¿non estaremos a cantar no noso himno algo máis que ao amor á Terra?). Isto conleva o abandono de toda esperanza de atopar nesta literatura algo que aos que pertencemos ao século XXI nos resulte suxerente e meritorio á hora de mercar e (o máis importante) ler.A literatura galega ten máis que dicir: a pouco referida nos manuais de literatura para escolares Nova Narrativa rachou con todo o anterior e abriulle ás portas á modernidade a unha sociedade que polos anos nos que comezaba a desenvolverse esta tendencia ( os 50 ) estaba xa lonxe da visión castrante da Galicia oteirán.
Reivindiquemos, pois, a grandeza e orixinalidade de Méndez Ferrín ou de Gonzalo Mourullo, que co seu texto Memorias de Tains aporta algo novo: a capacidade de estruturar, a través de pequenos relatos, unha obra innovadora e orixinal na que se describen situacións a medio camiño entre o kafkiano e o dantesco, con imaxes literarias tan potentes como a entrada do noso personaxe nun cadro para describir o que alí acontece e acabar por mostrarnos que esa realidade que tomamos por ficcional é unha metafora da súa relación ( e traizón) cun personaxe real ao que acaba de abandonar na cadea e a quen lle vai extirpar unha muller. Estructuras narrativas que esconden resolucións inesperadas e sorpresivas, lonxe do tradicional relato liñal e de calquera elemento realista que espante ao lector do século XXI.
Un exemplo de como se pode facer moi boa literatura e de como facelo leva ao ostracismo nun contexto editorial e literario onde se enxalzan figuras mediocres como Suso de Toro ou Diego Ameixeiras ( gañador dun premio Xerais cun excremento da talla de Tres segundos de memoria, libro magníficamente titulado, pois son eses tres segundos os que un tarda en olvidar esas preto de 200 páxinas de tópicos verbo da xuventude galega).
Larga Vida a Ferrín, Larga Vida a Mourullo!!!
martes, 20 de mayo de 2008
Gombrowitz
"Pero quizá habría que subrayar más bien que el primordial y fundamental sufrimimiento no es otra cosa sino el dolor nacido de la limitación del hombre por el hombre; es decir, del hecho de que nos ahogamos y estrangulamos en la estrecha y rígida concepción que de nosotros tienen las demás personas"Lo bueno de leer a Vila-Matas es que atrae hacia tu persona a una serie de demiurgos de la literatura contemporánea que aquellos iletrados profesores de literatura no se molestaban en citar en sus tediosas clases carcelarias, en las que debíamos permanecer atados a las jodidas sillas verdes fingiendo prestar atención, para que el susodicho pudiese llegar a casa con el ego al borde del colapso. No era cuestión de mencionar al enemigo, de darnos a conocer la obra de un polaco irreverente y genial dispuesto a lanzarse a la descripción del tedio que se produce durante las in-añoradas jornadas de estudio en las escuelas e institutos: no era cuestión de sacarse la careta y mostrarnos que el tipejo calvorota que se esconcde tras la mesa ( jodidamente verde) es Pimko, ese criminal que asalta a inocentes modernas por las noches con la excusa de enseñarles las maravillas perifrásticas del poeta de turno. ¿Acaso eran ustedes uno de esos mocosos que para hacerse los cultos pasaban tardes enteras intentando memorizar los poemas antipoemísticos de Lord Byron, acaso aspiraban a recitar, cual juglar desharrapado, las destartaladas rimas del icoñoplasta Machado? Abandonen tales hábitos, por el bien de sus cerebro todavía inmaduros, por el bien de la jodida humanidad ( verde, también verde) a la uqe dicen amar.
Creer en las instituciuones educativas de este país es uno de los ejercicios más antimuslescos y por ello, de aboluta irracionalidad. La escuela tiene como único fin la conversión de sus inocentes acudidores en instrumentos mecánicos cuya única función vital es servir al estado y a su fiel protector ( das capital ). Para ello despliega todos los instrumentos de tortura y practica la extracción de todos los rasgos propios y originales del imberbe inocente que ha sido arrojado por sus padres a las fauces del lobo.
Y todo ello, por qué? Por que educados en la más insana envidia, en la más estúpida de las costumbres, somos incapaces de dirigirnos raudos hacia nuestro propio destino sigiuendo el camino que nos dicta nuestra masa gris: antes de dar el primer paso giramos la cabeza para ver lo que hacen los otros, y en función de lo que ellos hagan, tomamos una decisión: nos preocupa más lo que los demás piensan de n osotros que lo que uno mismo aspira a ser en la vida.
Gombrowitz, un simple polaco que puede enseñarles más de la vida que los jodidamente verdes autores de la jodidamente luminosa Edad de Oro de la literatura española.