martes, 1 de abril de 2008

Un jour...

Somos hijos de la retaguardia del placer. Ansiamos llegar a primera línea de batalla para exponer nuestros cuerpos al caos que precede a la batalla que ha de llevarnos a la gloria eterna del orgasmo, pero hemos sido educados en el falso amor al hombre.

Para llegar a la primera línea hemos de esperar que el enemigo convierta en carne putrefacta a aquellos que nos preceden, a los que nos tapan el sol, a los que nos mantienen con apenas una cucharada de sopa... Nos han enseñado que no es ético desear a los demás lo peor para alzarnos con la victoria propia, única, personal.

No se trata de acribillar a los demás por detrás, se trata de tomar la decisión de ser libre: romper las filas, avanzar entre la tropa sordos a los gritos del general, ciegos a las miradas acongojadas de la tropa; correr hacia la línea en la que hemos de alcanzar el triunfo por nuestra propia mano, al margen de ejércitos, de reglamentos, de jerarquías.

Llegar a la primera línea, mirar al enemigo a los ojos, lanzarse a por él, tirarlo al suelo y besarle la boca mientras el puñal le atraviesa la garganta.

Si la muerte nos persigue con tanta premura y constancia es porque, en el fondo, la Vieja Dama es la única que nos ama.

ABISMOS

Cuando de pequeño soñaba que caía entre los barrotes de un laberinto multicolor con miedo a romperse el cuerpo al llegar a un suelo que no solía aparecer antes de que su madre encediese la luz y le hiciese caer sobre el colchón sudando, gritando, agarrándose a las sábanas en busca del barrote verde en el que debería haber enganchado su mano para dejar de caer, en esos momentos, no sabía que su vida sería la constante búsqueda del abismo en el que jugar a lanzarse de cabeza mientras una cuerda deshilachada le sujeta los pies.
No puede evitar visitar por las noches, en sus largas caminatas insomnes, el rincón de la plaza del Obradoiro donde un pequeño muro de piedra protege a los indecisos o cobardes de la pedregosa caída al vacío del pavimento mojado.

No espera nada. Sólo le fascina la posibilidad de lanzarse, de mirar como el suelo se aproxima a su cara, de sentir los huesos del cráneo estallar hechos añicos, de ver como sus ojos se cubren con el telón sanguinoliento que ha de poner fin a su función.

Le fascina la posibilidad de no volver.

Arlequín

Harry Haller bajó al sótano en busca del arlequín con el que había intentado abandonar su soledad y se los encontró tendidos en el suelo, extasiados, expulsando por los poros las últimas gotas de sudor que empezaban a replegarse ante los ejércitos del frío subterráneo que penetraba en el campo de batalla entre los montones de periódicos viejos y la colección de latas de tomate que aquel extraño maricón había dejado atrás, como si le bastase el cuadro para, con ello, llevarse la esencia, como si el tacto físico real no significase nada ante sus ojos.

Se sintió incómodo. Giró todo su ancho cuerpo haciendo crujir el escalón y se encaminaba hacia la puerta cuando vislumbró la mirada pícara de un viejo verde sentado en la mecedora, con un pitillo entre las garras.
- Arribes tard, ja han acabat.
No era el único, en la esquina opuesta a la del viejo, un arrugado argentino fruncía el ceño mientras balbuceaba:
- No veo el aleph, ya no veo el aleph, me estoy quedando ciego, ya no veo el aleph, qué habrán hecho con el aleph...
Los chicos seguían tendidos. Su respiración desacompasada se iba apagando en sueño y sus cuerpos comenzaban a enlazarse en busca del calor que minutos antes desprendían sus bocas. Harry bajó lentamente, intentando aliviar el peso de su cuerpo para no hacer ruido, cogió la manta con la que el viejo tapaba las piernas y escondía una engorrosa erección y cubrió los cuerpos.Al cerrar la puerta, una pequeña esfera se iluminó sobre el cuarto escalón y Borges dejó de balbucear para arrodillarse ante ella y susurrar:
- Aparece después de que los chicos crucen el abismo del éxtasis, sólo cuando cruzan el abismo del éxtasis.
Sinclair y Nhadron dormían.

lunes, 31 de marzo de 2008

Descomposición verbal

Después de arrancar cuidadosamente un pedazo de papel, me vi en la obligación de gritar cara al sol:

"El arte se convierte en arte cuando al menos una persona, sólo una, es capaz de interiorizar algo que hasta entonces no era capaz de plasmar de forma concreta en su pensamiento. El arte describe y acerca al ser humano aquello que desconoce: su más profundo yo, la justificación real de su existencia"

Al acabar intenté vomitar, pero solo me dió tiempo a soltar por el recto un río de mierda líquida que anhegó el retrete.
Mañana viene el fontanero.

viernes, 28 de marzo de 2008

Johnston

Con esa vocecilla de ángel caído a las profundidades del sinsentido se llevó por delante a lo peor de la patria que le vió parir: la marabillosa visión que de ella y de sus creencias religiosas tienen sus, mayoritariamente, apestosos habitantes.

Genial.

domingo, 23 de marzo de 2008

"Esos seres a los que su propia naturaleza aleja de la sociedad; seres que, en contra de lo que pueda suponerse, no necesitan que nadie les defienda porque, siendo oscuros, la incomprensión no puede hacer blanco en ellos; seres que tampoco necesitan ser confortados, porque si quieren seguir siendo de verdad sólo pueden alimentarse de sí mismos, de forma que no se les puede ayudar sin hacerles daño"



Vila-Matas dixit.
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(Vila-Matas: Hijos sin hijos)



jueves, 20 de marzo de 2008

Aeternus


Hay quien dice que he perdido el norte. No es cierto. Siempre he vivido fuera de la brújula.




Acostumbraban a llamarme loco: no se lo reprocho, lo estaba. Lo estoy. No me preocupa. Es más, espero estarlo: si no es así, nunca podré estar a su altura.




No niego que pueda parecerme triste gran parte de su vida, pero al menos logró lo impensable: ser admirado por aquellos que supieron entenderle, y por ello, ser entendido.




Algunos presumen de su dominio del lenguaje, de su capacidad para convertir una frase en un vetusto capitel barroco poblado de figuras de estuco rasgadas por el paso de un tiempo que ya no entiende ni su significado ni su función estética.




Sus palabras fluyen. Se enzarza en pequeñas discusiones con sus personajes, pero les deja la libertad de moverse por un espacio que no domina, por un tiempo que no pretende abarcar, pues lo que busca, como buen shandy, es la inagotable magnitud de lo pequeño, lo breve, lo simple y, por ello, lo intenso.




No negaré que parte de mi cariño se debe al hecho de que sus actitudes se asemejan a las de cierta especie: pasar desapercibido, vivr al margen de la sociedad y crear, a partir de un ego incorrupto, una obra que muestre, sólo a aquellos que saben entenderla, una realidad negada a los que tuvieron miedo a girar a la derecha, a sobrepasar la flecha del oeste y lanzarse al vacío: lejos de un extraño artilugio que reprime nuestra libre voluntad de dejarnos llevar por lo que dicta la naturaleza florida que habita bajo la tapa de los sesos.




"No estoy aquí para escribir, estoy para enloquecer"
Y dejó de hacerlo.




Los mediocres le mirarían mal, se reirían al verle pasar colgado de su sombrero por las calles en busca de un perro vago al que recriminarle su falta de cortesía por no apartarse, por no saludar, por no responder amablemente a sus preguntas. Los mediocres nunca entenderán que bajo el sombrero se esconden los territorios de la fantasía, donde el ser humano es libre de cualquier atadura a una existencia -la real- que consiste en dejar pasar el tiempo con actividades mecánicas y para las que fuimos programados al salir de la bóveda húmeda de nuestras madres: servir, obedecer, atender con rapidez al capataz, arrodillarse ante las adversidades: perder el tiempo, suicidarse en vida.




Podría haberse matado, podría haber elegido su propio fin y con ello dar una última muestra de dominio sobre su existencia. Prefirió salir a pasear, y en medio del paseo, la naturaleza decidió que su cuerpo descansaría a ras de suelo, gozando de la frialdad nieve.




Tener miedo a perder el rumbo es sinónimo de cobardía: la vida no tiene rumbo. Perderse y descubrir por accidente lugares desconocidos es el mejor modo do NO malgastarla.




Respirad un poco. Tomad impulso. Lanzaos fuera del malhadado artilugio que pervierte vuestra voluntad. Vivid.